miércoles, 23 de marzo de 2011

Capítulo I: Aterrizando

“¡Diablos!”… Esta fue la palabra que más repetí nada más aterrizar en el aeropuerto de Barajas en Madrid, desde luego no podría irme peor, o sí, ya no lo sé… Toda la ilusión que tenía cuando me subí al avión en Buenos Aires se había esfumado. Aún bien no había llegado a Madrid y ya echaba de menos a mi familia, a mis hermanos chiquitos haciendo de las suyas por la casa y mi mamá tras ellos. Era consciente de que esa imagen no la volvería a ver en mucho tiempo, es posible que fueran unos meses, pero también cabía la posibilidad de que fueran años, cosa que solo de pensarla me aterraba, pero supongo que era un obstáculo con el que tenía que lidiar si quería ayudar a mi familia. Atrás habían quedado mis ilusiones de poder estudiar en la Universidad, que desde pequeña tuve claro lo que iba a estudiar, periodismo. Acá en Madrid todo iba a ser diferente, la vida, las costumbres, la gente, la ciudad… Lo único que me consolaba es que no tenía que aprenderme un nuevo idioma. Bien, voy a dejar de contarles de mis desgracias y les hablaré un poco de mí. Me llamo Ornella, tengo 18 años y nací en Buenos Aires. Mi familia es humilde, mi papá, Ignacio, trabaja en la industria de la madera y mi mamá, Julieta, es ama de casa. Tengo dos hermanos chiquitos, Leo y Malena, tienen 8 años los dos, son unos diablillos, pero los quiero mucho. Me considero una chica inteligente, aunque me enojo con mucha facilidad y por cosas sin importancia, soy muy nerviosa y para decisiones importantes suelo ser bastante indecisa. Me gustaría destacar esto último, porque ese es el motivo por el que nunca me atreví a confesar mis sentimientos a un chico de mi barrio y que ahora sabía que no me haría caso, sería una más en su innumerable club de fanáticas histéricas. Él pertenece a otro mundo muy diferente al mío, tan grande y tan inalcanzable, que me conformo con soñar que estoy a su lado, la noche es el único momento del día en el que me siento aliviada, sabiendo que soy solamente de mi dulce y querido Gonzalo Higuain, sí, seguramente lo conocerán, incluso me atrevo a asegurar que son unas locas fanáticas de él, ¿me equivoco? Solamente soy suya en mis sueños, solamente en mis sueños. Bien, ahora que ya me conocen lo suficiente, y saben de mis desgracias sentimentales, voy a empezar a relatarles lo que fue mi llegada y mis primeros pasos en Madrid, donde tenía pensado empezar un nuevo sueño, pero como verán ahora, no fue la mejor manera de empezar un sueño. El primer paso hacia mi gran sueño fue perder las maletas en el aeropuerto, sí, y dirán ustedes, ¿pero esta que dice de un gran sueño?... Llámenme loca, pero fue mi primera experiencia fuera de Buenos Aires, no fue demasiado agradable pero al fin y al cabo debo aprender de estas difíciles situaciones. Después de una espantosa disputa con los responsables de las maletas me di por vencida sabiendo que mis maletas no aparecerían nunca, aunque me dijeran que me llamarían en cuanto las encontrara, desde luego. Salí del aeropuerto y empecé a caminar sin rumbo con lo único que tenía, mi bolsa de mano, en la que llevaba únicamente mi celular, una campera, mis lentes y una carpeta. Se preguntarán por qué llevo una carpeta en una bolsa de mano, pues tiene una sencilla respuesta. Esa carpeta es sagrada para mí, en ella tengo toda la información sobre Gonzalo, mi Gonzalo, tengo recortes de diarios, fotografías, críticas, cartas que escribo para él sin esperanza de que pueda leerlas algún día, esas cartas que escribo por las noches cuando pienso en él y en lo inalcanzable que es para mí. Además la carpeta está llena de sus fotografías en todo el exterior, por lo que se puede adivinar mi gran obsesión por él. Nada más salir de las inmediaciones del aeropuerto empezó a caer una lluvia muy intensa, en ese momento debí exclamar mi trigésimo “diablos” en lo que iba de día. No tenía con que cubrirme ni dónde. Así que decidí coger mi carpeta y sentarme sobre ella delante de un establecimiento esperando a que la lluvia amainara. Después de un rato sentada, decidí llamar a mis papás para contarles de mi llegada, pero imagínense la desgracia, mi celular no funcionaba, ¿qué le había pasado? Si es que mejor no podía irme, en ese celular tenía la mejor foto de Gonzalo .Mírenla:

¿Por qué a mí? Menos mal que siempre me quedarán las cabinas telefónicas, tenía unas monedas sueltas, así que me dirigí hasta una cabina para llamar a mi familia. En el trayecto hacia la cabina y mi conversación duraron unos 5 minutos, el tiempo suficiente para que alguien se llevara mi carpeta. “¡Excelente!” Ahora también me quedé sin mi carpeta, sin mi carpeta de Gonzalo, que era lo más valioso que tenía. Me resigné a perderla para siempre. Sin celular y sin carpeta retomé el camino, pero ¿a dónde iba a ir? Ni siquiera conocía la ciudad. Estaba con la moral por los suelos, pero ni crean que mis desgracias acabaron acá, para nada. Cuando estaba caminando un estúpido baboso que pasó con su maravilloso auto deportivo me mojó aún más de lo que ya estaba. En ese momento solo pude soltar unos insultos bastante desagradables que no quiero repetir, ni se les ocurra pedírmelo, no lo haré, aunque insistan. Justo en ese momento pensé que lo mejor sería regresarme a Buenos Aires con mi familia, pero entonces ¿de qué serviría este viaje? Tenía que aprovecharlo. Mi papá me había dicho que aunque las cosas me fueran re mal, siguiera adelante, porque mi papá siempre dice que las cosas malas que le suceden a alguien son por algún motivo y que la vida te acabará recompensando. Suspiré y me decidí a entrar en un café que me encontré, necesitaba algo caliente urgente. Una vez me atendieron, caí en que no tenía plata. Adivinen que salió de mis labios… “¡Diablos!” Creo que esta palabra se va a convertir en mi favorita. No se rían, no le veo el chiste. Mientras bebía, pensaba en las cosas buenas que podían pasarme acá, entonces una sonrisa se dibujó en mi rostro. Entre tanta desgracia no me había enterado de que mi Gonzalo estaba viviendo acá en Madrid, volvía a tenerlo tan cerca y tan lejos de nuevo. Solo pensar que en cualquier momento me lo puedo cruzar por cualquier calle, cualquier bar, esquina, supermercado, cine… en cualquier lugar. En medio de ese maravilloso pensamiento apareció en mi mente de nuevo la falta de plata y cómo iba a pagar, me quedé dormida apoyada contra el cristal del café pensando qué podría hacer para pagar mi café. En esas estaba cuando se acercó a mí el dueño del establecimiento.
-Jovencita, jovencita…- insistía intentando despertarme de mi profundo sueño- Jovencita…
-¿Qué sucede?- pregunté aún medio adormilada.
-Te quedaste dormida…
-Discúlpeme, yo…- dije muy avergonzada intentando arreglar la situación.
-No pasa nada, no te preocupes…
-Es que yo, no tengo con qué pagarle… haré lo que sea…
-No es necesario, pero creo que sé como compensarte…
-¿Compensarme? ¿Por qué?-pregunté extrañada.
-Sí, con solo verte puedo adivinar que no has tenido un buen día, ¿verdad?
-Pues la verdad es que no, nada me ha salido bien hoy, ha sido un desastre…
-Pues bien, como no tienes con qué pagarme y yo necesito personal, ¿qué te parecería trabajar aquí?
-¿Yo? ¿Trabajar acá? ¿Está hablando en serio?
-Muy en serio… Además, necesitas darte un baño, estarás helada.
-Es cierto- dije observándome de arriba abajo- Pero no es necesario que se preocupe tanto por mí, ni siquiera me conoce.
-Lo sé, pero me inspiras confianza, así que, si aceptas quedarte yo te ofrezco una habitación y un trabajo.
-El trabajo puedo aceptarlo, y quizás el baño también, pero desde luego no puedo aceptarle que me deje quedarme en su casa, sería un abuso de mi parte, no quiero molestar.
-Insisto, te quedarás en mi casa, al menos hasta que encuentres una vivienda estable y puedas costearla, y no acepto una negativa.
-Está bien…-no podía creérmelo, al fin parecía que las cosas empezaban a funcionar, de la nada me saqué un trabajo y una casa donde vivir, desde luego sí que este había sido un golpe de suerte- Muchísimas gracias, no sé como agradecerle…
-No tienes que agradecerme, solo tienes que subir a la casa y darte un buen baño, si quieres puedes empezar esta misma noche.
-Por supuesto, esta noche empiezo- estaba realmente feliz, ¿pueden creérselo?
-Por cierto, no me he presentado, me llamo Hernán López, y soy el dueño de este café.
-Encantada, yo soy Ornella, Ornella Piatti, un gusto señor López.
-El gusto es mío Ornella, ¿eres argentina?
-Sí, de Buenos Aires.
-¿Qué haces aquí?
-Motivos laborales, supongo.
-Eres una muchacha emprendedora.
-Supongo que sí, eso dice mi papá.
-Venga, subamos a mi casa- me dijo dirigiéndome a una puerta que estaba al fondo del local- Bien, ya llegamos, allí está el baño, ahora te traigo algo de ropa de mi hija, supongo que te servirá, sois muy parecidas.
-Gracias.
Entré en el baño y empecé a desvestirme. Me sentía extraña, pero no sé muy bien por qué, supongo que por estar en la casa de un desconocido y usando su baño. Giré el mando de la ducha y sentí como un chorro de agua caliente me golpeó la cara nada más entrar. Sin duda necesitaba ese baño como gloria bendita. Al salir me envolví rápidamente en una toalla que alcancé. El señor Pérez llamó a la puerta y me pasó algo de ropa.
-Muchas gracias, ahora salgo.
-Tranquila, tómate el tiempo que necesites.
Me vestí rápidamente y me dirigí hacia el living, era muy espacioso.
-Supuse que te valdría la ropa de mi hija, tendrán más o menos la misma edad. Ven, te mostraré tu habitación.
Lo seguí hasta mi habitación…
-Compartirás habitación con Yanel, mi hija, espero que no te importe…
-Para nada, ¿pero a ella le gustará la idea?
-Estoy seguro de que sí, últimamente anda medio atontada con la cultura argentina.
-¿En serio?
-Sí, yo no sé qué le pasa, pero últimamente todo es Argentina para arriba, cumbia para abajo…
-Bueno, tengo terreno adelantado.
-Supongo que sí, pero bueno, será mejor que nos demos prisa que hoy el local estará abarrotado…
-¿Y eso a qué se debe?
-Es que hoy juega el Real Madrid, y la gente que no pueda ir al Bernabéu vendrá aquí, así que prepárate para el estrés futbolero.
-Estoy acostumbrada, puede creerme. En Argentina el fútbol es una religión.
-Es verdad, ¿estás lista entonces para tu primer día?
-Eso creo- dije muy ilusionada, mi primer día sería hoy, un día en el que podría disfrutar de un partido viendo a mi Gonzalo jugar, ojalá meta un gol, lo celebraré como la que más.
Bajamos al local y poco a poco empezó a llenarse de gente, desde luego que tenía razón el señor López, eso estaba abarrotado, y el alboroto se volvía insoportable, pero con suerte solo lo tendría que vivir una vez a la semana. Entre descansos de atender mesas miraba el partido, allí estaba él, dándolo todo en la cancha como siempre. Un luchador, como decía mi papá. Y llegó el momento más lindo del partido, mi Gonzalo había pateado desde la esquina del área y había marcado un golazo, y solo era el minuto 7 de encuentro. 

Mi querido Gonzalo, ¿cuántas veces soñaría que me dedicabas uno de tus goles? Y en mitad de ese pensamiento me desperté por los gritos de la clientela y yo, para no ser menos, también lo celebré como una hincha más. Estaba realmente feliz, solo porque Gonzalo había marcado. El encuentro terminó 2-0 para el Real. El café fue vaciándose poco a poco hasta quedar totalmente vacío. Parecía otro lugar.
-Bueno, otro día productivo, sin duda- suspiró el señor López.
-Sí, eso parece- dije contenta.
-¿Estas feliz no?
-¿Por qué lo dice?
-Porque te vi cuando Higuain metió el primer gol… debes estar orgullosa de que sea argentino, como tú.
-Pues sí, mucho. Me alegra saber que el fútbol argentino está creciendo y que Gonzalo se sienta orgulloso de ser lo que es.
-¡Hola papi!- gritó una chica que acababa de entrar, supuse que era la hija del señor López, y era del Real.
-¡Hola hija! ¿Te lo pasaste bien?
-Más que bien, me lo pasé genial, menudo golazo de Higuain, ¿lo viste?
-Claro que lo vi, lo vimos todos.
-¿Y quién es ella?
-Me llamo Ornella, un placer.
-Igualmente, yo soy Yanel, la hija del dueño.
-Es la nueva camarera y vivirá con nosotros.
-¿De verdad? ¿La habrás puesto en mi cuarto no?
-Claro que sí, sabía que te gustaría.
-Como no me va a gustar, si es argentina, porque eres argentina ¿no?
-Sí, sí que lo soy.
-Me alegra mucho conocerte, seguro que nos llevaremos muy bien.
-Eso espero.
-Mira papá lo que he conseguido- dijo sacando una libreta del bolsillo.
-¡Guau! Menudo logro. ¿Estarás contenta al fin?
-Pues sí, ahora dormiré con el autógrafo de Higuain bajo la almohada.
Esas palabras se me habían clavado en el corazón. Yanel había conseguido algo que solo yo conseguí en mis sueños, y eso que lo tuve más cerca que ella y más tiempo, y ni eso había logrado. Me senté triste en una de las sillas pensando en ello, Yanel tenía algo que pertenecía a mi Gonzalo, mi Gonzalo querido, ¡cómo la envidiaba en ese momento!
-¿Te pasa algo?- me preguntó Yanel acercándose.
-No, nada, tranquila, es que estoy algo cansada.
-Pues será mejor que subas a acostarte. Yanel, acompáñala.
-Claro. Ven, así nos conocemos mejor…
Hoy he tenido la peor sesión de entrenamiento de toda mi vida, ni que nos jugáramos la final de la Champions League. Había sido aburrida y agotadora, creo que llegaré a casa y no me levantaré en horas. Aún por encima de ser un día pesado, tenía que aguantar las bromas de mis compañeros, al principio tienen hasta gracia, pero luego se vuelven insoportables. Cuando me dirigía al auto Cristiano me detuvo.
-Pipa, ¿te vas ya?
-Pues claro que me voy, estoy muerto del cansancio- dije apoyándome contra la puerta del auto.
-Es verdad, hoy se ha pasado el míster con la sesión, espero que no la vuelva a repetir  porque si no le reclamo.
-¿Qué vas a reclamar? No tenés poder acá.
-Pero tengo mis derechos como ser humano, exijo un mínimo de normalidad en las sesiones.
-Bueno Cris, me voy ya antes de que descubra que esto no es una pesadilla.
-Sí. Es la cruda realidad del futbolista Pipa, es lo que tú elegiste.
-Hasta el partido- dije subiéndome al auto.
-Nos vemos.
Mientras iba manejando me acordé que tenía que hacerle unas diligencias a mi mamá. Estacioné delante del establecimiento y cuando ya terminé de hacer lo encomendado por mi mamá observé que estaba lloviendo a mares. “¡Genial!”  me dije “lo que faltaba”, cuando me iba a subir al auto me tropecé con una carpeta que estaba en el suelo, me arrodillé a recogerla y vi que la persona que fuera dueña de esta carpeta estaba prácticamente enamorada de mí. 


Al instante supuse que pertenecía a una chica, probablemente una adolescente de instituto, ¿cómo podría haberse olvidado esto acá? Digo yo que tendría cosas importantes. Me subí al auto con la carpeta y con la esperanza de encontrar algún dato que me llevase hasta la dueña de la carpeta. Cuando llegué a la casa, entregué las diligencias a mi mamá y me senté en el sofá del living para examinar a fondo la carpeta que había encontrado.
-¿Qué hacés Gonzalo?- me preguntó mi mamá.
-Trato de averiguar a quién le pertenece esta carpeta que me encontré cuando subí al auto.
-Gonzalo, no está bien remover en las cosas ajenas.
-No empecés mamá. Quizás acá adentro encuentre algo sobre la persona que la perdió.
-Como querás, de todas formas no está bien.
Abrí la carpeta con mucho cuidado, nada más abrirla, supe que esa carpeta no tenía lo que se decía contenido escolar, más bien eran cosas sobre mí. Al girar la tapa me fijé en algo que estaba escrito, lo leí: Si estás leyendo esto es que obviamente tenés mi carpeta, mi dirección es… Esperá, esta dirección es de Argentina. O sea, que la persona que perdió esta carpeta es argentina, era obvio, por la dirección y por el español. En seguida me puse a investigar a ver qué me encontraba en aquella carpeta. Entonces llegó mi papá.
-Hola hijo, ¿qué hacés?- preguntó sentándose a mi lado.
-Saber de quién es esta carpeta.
-Vaya, eres un rompecorazones, las tenés locas a todas.
-Venga, papá, sabés que eso no me importa.
-Lo sé, por eso te lo digo.
-Muy gracioso.
Analicé detenidamente cada cosa que me iba encontrando en aquella misteriosa carpeta, fotografías, diarios, notas a papel, artículos de prensa… Estaba repleta de cosas mías que ni siquiera sabía que existían.
-Esto va más allá del fútbol, hijo, está enamorada de vos.
-¿Otra vez?
-Es la verdad, o no lo ves. Te admira demasiado, te considera un dios prácticamente.
-Eso parece- dije cogiendo un papel que estaba doblado en medio de las demás hojas. Comencé a leerlo y me di cuenta de que lo que decía mi papá era mucho más que cierto. Esa chica estaba realmente enamorada de mí y sentía frustración por no poder verme, por no tenerme cerca. En cierto modo me sentía culpable, esa chica estaba sufriendo por mi culpa, sí, no se extrañen, técnicamente es mi culpa. Lo curioso es que es una chica que debería conocer, vivió en el mismo barrio que yo, pero ¿quién podría ser? No lograba recodar absolutamente nada, esa etapa de mi vida parecía estar ya muy lejana para poder recordarla con exactitud.
-¿Te sucede algo Gonzalo?- preguntó mi papá al verme en silencio.
-No, solo que estaba pensando, tranquilo.
Las palabras de esa carta se me habían quedado grabadas en la memoria con fuego, sobre todo las últimas palabras: ….tan cerca y a la vez tan lejos, me conformo con soñarte mi dulce y querido Gonzalo…. Sin duda me quedé muy sorprendido, nunca pensé que alguien pudiese llegar a sentir esto por mí. ¿Ustedes saben de alguien que esté pasando por esto? ¿Sí? Pues me contarán si resulta difícil, porque la verdad solo de imaginar el sufrimiento de esta chica me aterro. Que lindas palabras, pero ¿quién era la autora?
Después del partido, seguía pensando quién podía ser la chica que tan enamorada estaba de mí. Cuando llegué a la casa solo tenía ganas de acostarme y no levantarme hasta muy tarde, hoy había sido un día agotador. Por la mañana me desperté con los gritos de mi mamá que intentaba despertar a Lautaro, este nene por qué será que no espabila, parece que tenga ganas de escucharla, ¿a ustedes no les pasa? ¿a qué es insoportable? Cuando me levanté me di una ducha para despejarme, en eso estaba cuando llegaron Ezequiel y Fernando.
-Pasen- los recibió mi mamá- Gonzalo se está duchando.
Salí de la habitación y me dirigí al living donde Ezequiel y Fernando conversaban animadamente.
-Buenos días, bello durmiente- ironizó Fernando.
-¿Ustedes sienten placer cuando madrugan?
-Gonzalo, espabílate que hoy queremos aprovechar el día de descanso con vos.
-¿Qué tienen pensado?
-Conocemos un nuevo café cerca de acá, podemos ir a desayunar, ¿te parece?
-Dale, voy por mi celular.
Salimos de la casa rumbo al café, yo seguía pensando en la chica de la carpeta, mientras no tenga nombre tendré que llamarla así.
-Gonzalo, ¿estás bien?- me preguntó Ezequiel.
-Sí, no se preocupen, ando falto de sueño últimamente.
-¿Y quién no? Como sigamos con estas sesiones espartanas acabaremos muertos.
-Ya lo creo.
-Acá es, entremos.
Cuando me desperté Yanel no estaba en la cama, Dios mío, ¿qué hora era? Salí de la habitación a toda prisa y bajé las escaleras hasta la cocina de la casa, allá estaban el señor López y Yanel desayunando.
-Buenos días, ¿cómo amaneciste?- preguntó Yanel.
-Buenos días, amanecí bien gracias.
-Ven, desayuna algo, que hoy nos espera un largo día.
-Papá, siempre dices lo mismo, todos los días son iguales.
Después del desayuno nos fuimos los tres al local, habría mucha demanda de gente que vendría a desayunar.
-Bueno papá, me voy ya que es muy tarde.
-No corras.
-¡Ay Dios mío! No me lo puedo creer.
-¿Qué te pasa hija?
-Mira quién vino a desayunar…
-Vaya, hoy tenemos clientes especiales.
-Orne, ¿a qué no adivinas quien vino a desayunar?
-Pues como no sea el príncipe no sé a qué se debe tanta alegría. Vaya, me olvidé el reloj en la habitación, ahora vuelvo.
Mientras Yanel y el señor López organizaban todo para empezar el día. Cuando Yanel salía del local, Gonzalo la detuvo.
-Disculpá…
-¿Sí?- pregunté nerviosa, no todos los días te para un futbolista para hablar contigo.
-¿La chica que estaba con vos es argentina?
-¿Ornella? Sí, es argentina, ¿por qué?
-¿No sabrás de qué parte de Argentina llega no?
-Creo que me dijo que venía del barrio de… espera… el barrio de….
-¿Palermo?
-Eso, Palermo.
-Gracias por la información.
-¿Para qué querías saberlo?
-Es que tengo algo que le pertenece.
-¿A qué te refieres?
-Me encontré ayer una carpeta cerca de acá, y es de una chica argentina que vive en el barrio de Palermo, ¿creés que pueda ser ella?
-¿La carpeta está llena de cosas tuyas?
-Sí- dijo sonriente, desde luego esa sonrisa me mataba.
-Pues entonces es ella, sin duda. No sabes lo importante que es para ella esa carpeta, anoche estuvo maldiciendo al que se la había robado. Pero a ti no creo que te diga nada. Vaya, mejor me voy si no quiero llegar tarde.
-Gracias de nuevo.
-No hay de qué.
Regresé al local y me detuvo el señor López.
-Ornella, esta mañana te quedarás sola en el local.
-¿Y eso? ¿Ha sucedido algo?
-Tengo un amigo hospitalizado y quería visitarlo, espero que no te importe.
-Para nada, no se preocupe, yo me encargo de todo. Váyase tranquilo.
-Muchas gracias, volveré para la hora de la comida.
-Hasta la vista.
Bueno, me iba a tocar encargarme del local sola, mi primer día al mando. De momento solo había un grupito de chicos conversando, parecía una mañana tranquila.
-Ahora regreso, no tardo.
-¿A dónde vas Gonzalo?
-No tardo, me olvidé una cosa, ya regreso.
-¿Cuándo será el día que no se le olvide algo?
-No tiene remedio.
Corrí hasta la casa en busca de aquella carpeta, al fin había encontrado a su dueña, Ornella, que lindo nombre. Regresé al local con un papel y un bolígrafo.
-¿Qué hacés?- preguntó Fernando.
-¿Acaso te importa?
-No hace falta que te enojes.
-¿Y ya han pedido sin mí? ¿Es que no tienen educación?
-No fueses tan despistado, no tenemos la culpa.
-Yo mismo iré personalmente.
Vaya, aquellas botellas del estante superior parecían bastante sucias, podría limpiarlas mientras nadie llegaba, aprovecharía el tiempo, supongo que al señor López no le importaría. Me subí a un taburete bien alto para poder alcanzar el estante y las botellas con facilidad. Entonces una voz detuvo mi tranquilidad.
-¿Necesitás ayuda?- no pude ver quién había hecho esa pregunta, estaba de espaldas.
-No, gracias ya…- al girarme me maldije por no conocer esa voz, era él- en cuanto lo vi me tropecé y casi me parto una pierna.
-¿Estás bien?
-Sí, estoy bien, gracias…- conseguí decir nerviosa- ¡Ay!- exclamé tocándome la rodilla.
-¿De verdad estás bien? No quiero sentirme culpable- que lindo se puso cuando dijo eso.
-De verdad…- no pude sostenerle la mirada ni un solo segundo. Me limité preguntarle que iba  a desayunar y se lo serví en la mesa. No me lo podía creer, al fin pude hablar con él, aunque me vi bastante torpe.
-¿Qué escribís?- miré a Fernando con una mirada desafiante- Tranquilo es igual.
-¿Quién paga?
-Yo invito, me siento generoso.
-¿Gonzalo el tacaño invitando? Esto es una noticia.
-Lo que le pasa es que le gusta la mesera.
-No digan estupideces.
-Venga Gonzalo, si es que es como para no fijarse, ¿la han visto?- le di una colleja en toda la cabeza- ¿Qué hacés?
-No seás baboso.
Me acerqué a la barra y deje la cuenta con la plata y una nota, pensando que al leerla supiera que la carpeta la tenía yo.
Al girarme vi como los tres salían del local. Al coger la cuenta, me di cuenta de que había una nota entre la plata…
….tan cerca y a la vez tan lejos, me conformo con soñarte…
Un momento, esa frase es mía, ¿de dónde la sacó?

3 comentarios:

  1. Buen fic, ya me gustaria a mi encontrarme asi con un jugador del Madrid

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  2. a cualquiera le gustaria encontrarse así a Gonzalo!! eres mi primer coment! estoy myu feliz!! hoy mismo subire el segundo capítulo!

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  3. cuando vas a subir?
    contestame en mi blog por favor

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