martes, 15 de noviembre de 2011

CAPÍTULO IV: YANEL Y GUSTAVO

-¿Vos sós Ornella no?- me preguntó el papá de Gonzalo.
-Sí, papá… Ella es…
-Buenos días…- dije algo nerviosa pensando en la reacción de sus papás.
-Buenos días…-me dijo la mamá de Gonzalo mientras se acercaba a saludarme- Encantada de conocerte al fin…- me dijo sonriente.
-Igualmente, un placer conocerlos.
-Bueno…siéntense a desayunar, que ya es tarde…- dijo el papá de Gonzalo mirándolo divertido.
-Sí, ya sé… llegaré tarde…pero no me importa- Gonzalo me miró dulce.
-Ese tiene que ser Fernando… ya le abro yo…-dijo la mamá de Gonzalo saliendo hacia la entrada.
-Fer, ¿qué hacés acá?... ¿Por qué no estás entrenando?
-Me levanté tarde y supuse que aún estarías en la casa…- dijo Fer sin quitarle los ojos de encima a Ornella.
-Fer, ¿te pasa algo?- le pregunté dándole una cachetada en el cuello.
-¿Qué iba a pasarme? Por cierto… te recuerdo que tenés que devolverme algo que te presté hace mucho…- dijo guiñándome un ojo.
-Ah, sí… es cierto. VenÍ que tengo que buscarla…
-Como siempre no sabés donde dejás las cosas…
Los dos nos fuimos a mi habitación, Fer estaba ansioso por saber qué había pasado con Orne…
-Ornella, ¿de qué parte de Buenos Aires venís?- me preguntó el papá de Gonzalo.
-Del barrio de Palermo…
-Entonces deberíamos conocernos… ¿Quién es tu papá?
-Mi papá se llama Ignacio, Ignacio Piatti…
-Ignacio Piatti… me suena… Nancy, ¿vos conocés a Ignacio Piatti? Es el papá de Ornella…
-Sí, claro que lo conozco… ¿trabaja en el negocio de la madera verdad?
-Así es…
-No sabía que tenía una hija tan mayor…
-¿Y qué hacés por acá?- sabía que llegaría esa pregunta, y no sabía qué decirles, pero el sonido del teléfono me salvó.
-Mejor me voy a alistar para ir a trabajar, ya voy con mucho retraso- me excusé saliendo de la cocina yendo hasta la habitación.
-Bueno Gonzalo… ahora mismo me vas a contar qué fue lo que sucedió, aunque veo que la cosa se puso interesante…- dijo sonriendo maliciosamente.
-¿Qué decís Fer?
-Gonzalo, no me mientas… ¿creés que no la vi? ¿Qué pasó entonces para que amaneciera en tu casa y con una de tus camisas?
-Está bien, está bien… te contaré… pero esta vez no se lo contés a nadie, ¿entendido?
-Tranquilo, fiera, tranquilo, que no largaré nada, sabés que podés confiar en mí.
-Es que no sé ni cómo empezar a contarte…
-Pues, empezá contándome qué pasó en El Retiro, por ejemplo…luego lo que pasara acá no me interesa…ya me lo imagino… aunque siendo vos me extraña mucho…
-¿Qué te extraña?
-Que te lanzaras tan pronto… ¿ella no te dijo nada?
-No, es más, me animó a continuar…
-Entonces a la minita esta le va la marcha… ¿o qué?
-Fer, no empecemos ¿sí?
-Está bien, ya le paro… pero contame de una vez qué pasó en el parque…
-Nos dimos un paseo en barca…
-¿Se dieron un paseo en barca? Bueno Gonzalo… para ser la primera cita debo felicitarte… Seguro le encantó…
-A partir de ahora el Retiro será nuestro lugar…
-¿Y por qué el Retiro? ¿En qué andarás pensando Gonzalo?
-No pensés mal… solo que allá nos besamos por primera vez y nos confesamos amor por primera vez… es un lugar muy especial para los dos…
-Entiendo, vamos…que fue todo un éxito la cita…
-Eso es, y no sabés lo feliz que estoy…
-No hacía falta que me lo dijeras… se te nota en la cara…
-Tengo ganas de ir al entreno… y que el míster note lo poco que me importa su riña…
-Esa estuvo buena Gonzalo…
-Voy a despedirme de Orne, ahora regreso…
-Y se marcha el enamorado del día…
Desde luego la pregunta del papá de Gonzalo me había hecho regresar a la realidad, al motivo por el que estaba acá. Con todo lo que me sucedió con Gonzalo me había olvidado de todos los problemas. Debería darme prisa en regresar al café, estarían preocupados por mí.
Entré en la habitación y la vi mirando por el ventanal…
-¿Te sucede algo?- dije acercándome a ella.
-No, tranquilo, no me pasa nada…- respondió girándose hacia mí.
-¿De verdad? Te noto como triste…
-Es que echo de menos a mi familia…
-Sé lo qué es eso… pero ¿de verdad estás bien? ¿Necesitás algo?
-Gracias de verdad, pero no necesito nada…- dijo acariciándome el rostro.
-De todas formas te llevaré hasta el café…
-No es necesario, además ya llegás tarde al entreno…
-A la porra el entreno… no acepto una negativa.
-Está bien… ¿cómo voy a negarme a esos ojitos suplicantes?
-Me encanta cuando sonreís, te ves más linda…
Nos besamos durante un largo rato hasta que Orne se detuvo…
-¿Qué sucede?
-Mirá lo que sucede…-dijo señalando a la puerta de la habitación.
-Serán chismosos… ¿Por qué no se puede tener intimidad en esta casa?
Orne empezó a reírse mientras mis papás y Fernando desaparecían.
-¿Cuál es el chiste?
-Gonzalo, tranquilo… no pasa nada, a mí no me molesta…
-¿De verdad?
-De verdad… Venga y ahora dejá que me vista, que ya es bien tarde…
-Vale… arreglate que yo te espero acá…
Me senté en el piso viendo como Orne se vestía, era realmente hermosa, no me cansaba de admirarla.
Me sentía realmente observada por Gonzalo, no es que me molestara pero… no estaba acostumbrada. La carita de goloso que tenía me mataba, me miraba con esos ojitos traviesos y no podía resistirme ni un segundo más.
-Gonzalo… -dije mientras me acercaba- ¿Si hoy no vas a entrenar pasaría algo?
-¿Qué querés que pase?
-No sé… igual el míster te castiga sentándote en el banco…
-Entonces… ¿a quién pone de titular?
-Mirá el humilde- dije sentándome sobre él.
-Un momento, esperá… ¿qué querés de mí?- dijo rodeándome la cintura.
-Es que… debo confesarte una cosa muy personal…- dije muy bajito cerca de sus labios.
-¿Puedo saberla?-preguntó sonriendo.
-Solo si tenés una camiseta de River para mí…
-¿Para qué querés una camiseta de River?
-Pues para poder contarte…
Gonzalo se levantó y se dirigió a su habitación, al poco tiempo apareció con una camiseta de River.
-¿Y ahora me contás?
Me puse la camiseta de River por encima de mi ropa interior y me acerqué despacio hacia Gonzalo…
-Se trata de un sueño que tuve hace poco…
-¿Un sueño? ¿Conmigo?
-Sí, con vos, y la situación era esta misma.
-Esperá… ¿no tuviste suficiente anoche?- me preguntó travieso…
-No… no tuve suficiente…
-¿Por qué no me contás lo que sucedió en tu sueño?
-¿Por qué mejor no me lo demostrás ahora?
Esta situación se estaba volviendo extremadamente excitante, desconocía en absoluto esta faceta de Orne, conociéndola como la conozco no se me pasó por la cabeza que pudiese comportarse de este modo, aunque no les voy a negar que la situación me encantaba. Después de una noche romántica… ¿qué le habría pasado? Mis manos estaban en su cintura y poco a poco la iba atrayendo más hacia mí, hasta estar a escasos centímetros el uno del otro. Subí mi mano izquierda por su espalda hasta llegar a su cuello que acaricié suavemente. Ni un segundo tardó Orne en besarme apasionadamente. Ese beso era todo fuego, no podía creérmelo. Comenzamos a besarnos como locos y las caricias se sucedían constantemente por nuestro cuerpo. Sentía que la camiseta de River no le iba a durar mucho tiempo puesta.  Nos miramos un instante fijamente, en ese momento sobraban las palabras.
-No te pares…- susurró cerca de mis labios.
-¿Qué nos está pasando?- pregunté con una sonrisa traviesa.
-No lo sé… pero me gusta- dijo antes de morder mi labio inferior.
Continuamos besándonos, sus besos iban descendiendo por mi cuerpo poco a poco, sentía morirme del gusto. Levantó despacio mi camiseta y empezó a besarme suavemente, pero con pasión, mi torso que estaba bien caliente. Esos besos eran como chispazos que me iban enciendo cada vez más, su boca llegó hasta mi pecho. Alzó la cabeza sonriendo mientras se mordía el labio. De pronto noté como su mano izquierda había bajado de mi cintura y vi que algo se estaba despertando al contacto con la mano de Orne. Ya no había vuelta atrás, la situación era inevitable. Nuestra respiración estaba muy agitada y nuestro corazón latía a un ritmo frenético. Pronto me quité la camiseta, en ese momento molestaba. En un giro puse a Orne contra el piso, la sujeté por los brazos y la miré fijamente a los ojos...
-Te ves realmente… espectacular con esta camiseta.
-Lo he notado…
Las manos de Gonzalo recorrían todo mi cuerpo sin parar, esos besos en mi cuello me hacían enloquecer por completo, sentía que no podría resistirme ni un segundo más sin liberar todo aquello que Gonzalo me hacía sentir en cada beso y en cada caricia. Era una sensación totalmente indescriptible. Empujé a Gonzalo contra el piso y me senté sobre él a la altura de su cintura. Deslicé mis manos por el torso de Gonzalo totalmente sudado. La excitación superaba todos los niveles imaginables. La mirada que se reflejaba en su cara es la misma con la que soñé siempre, me miraba con ojos de deseo y podía sentir esa mirada que se clavaba en mí profundamente. Quería sentirlo dentro de mí, en ese mismo instante. Gonzalo me sujetaba fuertemente de la cadera y empezó a impulsarse sobre mi pelvis haciéndome sentir que lo que estaba a punto de suceder iba a ser grandioso. En ese momento sobraba todo, así que decidí quitarme la camiseta pero Gonzalo me lo impidió:
-No, no te la quites… me gustás más así…- dijo con la voz entrecortada, estaba realmente excitado, incluso más que yo.
Me mordí el labio inferior y me recosté poco a poco sobre él hasta estar a escasos centímetros de sus labios. Nuestras manos empezaron a recorrer nuestros cuerpos a toda velocidad mientras los labios de Gonzalo no se separaban de mi piel. Rápidamente descendí mis manos para desabrochar el pantalón de Gonzalo. En un giro Gonzalo me puso contra el piso haciendo fuerza sobre mis brazos.
La situación había llegado a un punto de no retorno, era demasiado excitante para ser cierto. Ni en las mejores de mis fantasías había vivido algo semejante. Desearía que ese momento no se terminara nunca. Todo era perfecto, demasiado perfecto. Sentía que faltaba aire en la habitación, necesitaba respirar, todo había sido demasiado deprisa, pero realmente espectacular. Pero todo lo bueno se termina y esto se terminó antes de lo que yo quisiera. Estábamos tan sumidos en nuestro mundo que parecía que todo a nuestro alrededor había desaparecido y lo que nos hizo darnos cuenta de que no estábamos solos en la casa fue el timbre de la puerta…
-¿Por qué justo ahora?- pregunté fastidiado.
-¡Dios mío! Es muy tarde… debo regresar al café- dijo Ornella apurada.
-¿Ya? Todavía es temprano…- respondí intentando evitar que se fuera.
-Es tarde… y estarán preocupados por mí.
-Está bien, yo te llevo…
-No hace falta que me lleves- dijo después de darme un beso.
-Insisto… y no acepto un no por respuesta.
-Vale… de acuerdo, llevame.
Nos vestimos rápidamente y cuando nos disponíamos a salir me detiene Fernando…
-¿Qué hacés aún acá?- pregunté sorprendido.
-Esperándote… ¿Qué pasó allá adentro?
-Algo que no te interesa…
-Sí me interesa, soy tu amigo…
-Sí, mi amigo, mi amigo el chismoso.
-¿A dónde vas?
-Voy a llevar a Orne al café, ya es tarde.
-OK… Nos vemos.
Cuando llegamos al café era muy tarde…
-Disculpe, se me pasó la hora…
-¿Dónde estabas? Estábamos preocupados…
-No se preocupe, estaba conmigo- dijo Gonzalo tratando de tranquilizar al señor López.
-En ese caso, me quedo más tranquilo.
-¿Está Yanel?
-Sí… aún no se levantó… ayer llegó muy tarde… estará en su cuarto.
-Si no le importa subiré a verla.
-Adelante, tendrá ganas de verte.
-Lo sé…
-Bueno, nena, yo me voy… que tengo que excusarme al míster…
-Está bien, andá tranquilo- le di un beso y se marchó.
-Parece que todo fue bien…
-Sí, muy bien, mucho mejor de lo que pensaba.
-Se te ve feliz, Yanel se alegrará mucho cuando le cuentes…
-Eso presiento, por eso que quiero verla.
-Sube tranquila, que yo me quedo aquí.
Subí las escaleras a toda prisa para contarle a Yanel todo lo que había pasado. Llegué a la habitación y vi que Yanel estaba acostada, caminé despacio para no despertarla.
-Yanel… ¿estás despierta?
-Orne, llegaste…
-Yane… ¿Estuviste llorando?
-¿De qué hablas?
-Yane, no podés mentirme… tenés los ojos llenos de lágrimas. ¿Pasó algo?
-Ayer…
-¿Qué pasó ayer?
-Lo vi…
-¿A quién viste?
-A Gustavo…- dijo llorando.
-¿En serio? ¿Y hablaron?
-No… no hablamos… ni siquiera se dio cuenta de que estaba allí.
-¿Y por qué no te acercaste?
-Porque… estaba con otra…
-Yane… no llorés, que me ponés mal a mí también.
La abracé unos minutos mientras lloraba.
-¿Dónde lo viste?
-En el mismo lugar donde estuvimos el lunes…- dijo secándose las lágrimas.
-¿Sabés una cosa? Te debo una con lo de Gonzalo… así que trataré de encontrarlo y hablar con él…
-No hace falta, ya es tarde…
-Nunca es tarde, creéme… nunca es tarde.
-Ahora voy a bajar al café… Hoy me tocarán horas extra por el retraso…
-Es verdad… ¿Qué tal todo con Gonzalo?
-Muy bien, fue maravilloso… pero luego te cuento… ¿te parece?
-Está bien… yo me quedaré aquí un rato más.
Salí de la habitación bastante preocupada, Yanel estaba realmente afectada por volver a ver a Gustavo. ¿Qué estará haciendo acá de nuevo? Llegué al café y allí estaba él, sentado esperando que lo atendieran.
-¿Gustavo?
-Orne… ¿Qué hacés acá?- dijo levantándose.
-Lo mismo puedo decir yo…- dije abrazándolo.
-Hace mucho que no nos vemos…
-Es cierto… ¿pero a qué viniste?
-Es un asunto personal…
-Creo que ya sé de qué se trata…
-¿Y cómo sabés?
-Se llama Yanel, ¿verdad?
-¿La conocés?
-Ya lo creo que la conozco… es la hija del dueño de este café donde yo trabajo.
-Esperá… ¿trabajás acá? No me lo puedo creer… ¿Y cómo está Yane? Tengo que verla.
-Está en su habitación… llorando.
-¿Y por qué? ¿Le pasó algo?
-Pues que ayer te vio y no te vio solo…
-Orne, te puedo asegurar que desde que regresé  a Buenos Aires extrañé mucho a Yane y traté de comunicarme con ella, pero no lo logré. Y ahora necesito verla.
-¿Y esa mina con la que te vio?
-Orne, tenés que creerme, yo no tengo nada con otras minas, yo la quiero a ella. Necesito verla.
-Gustavo, tranquilizate.
-¿Dónde decís que me vio?
-En un local… no me recuerdo el nombre, ayer por la noche.
-Es imposible… recién aterrizo, es imposible que me viera.
-No lo sé, ella parece muy segura de lo que dice…
-Nena tengo que hablar con ella, ahora.
-Esperá… no es conveniente que la veás ahora, puede ser un shock muy fuerte para ella, verte así, de repente. Ahora voy a verla y le cuento, ¿te parece?
-Está bien, decile que la extrañé mucho y que la amo…
-Tranquilo, quedate acá, ahora regreso.
Subí de nuevo a la habitación para ver a Yanel, tenía que contarle que Gustavo estaba allá abajo, en el café.
-Yane… tenemos que hablar- dije acercándome a su cama.
-¿Qué pasa?- preguntó girándose en la cama para hablar conmigo.
-Hay algo que tengo que contarte…
-Arranca ya, niña, que me tienes impaciente.
-Es sobre Gustavo…
-¿Qué pasa con él? Sabes que no quiero saber nada de él- me dijo con desprecio.
-Pues deberías querer…
-¿Y por qué? ¿Acaso no me escuchaste lo que te dije antes?
-Claro que te escuché, pero Gustavo está acá, en el café y está desesperado por verte.
-¿Qué? ¿Me estás diciendo que Gustavo vino al café para verme?
-Sí, eso mismo dije…
-La verdad no sé qué tiene que decirme… no hay nada que decir, está todo más que claro.
-Nena, conozco a Gustavo desde que éramos chiquitos y sé cuando miente y cuando no. Y creeme que ahora está diciendo la verdad…
-¿Qué te dijo?
-Le conté lo que vos me dijiste, que lo vieras con otra…
-¿Y?
-Pues que es imposible, tuviste que equivocarte, él recién aterrizó esta mañana en Madrid, no pudiste verlo ayer por la noche.
-¿Quieres decirme que el que vi anoche no era Gustavo?
-Eso mismo… igual y lo confundiste con otro, ya sabés que en esos lugares no se ve muy bien. Creeme, Gustavo dice la verdad… está como loco por verte.
-¿Crees que deba bajar?
-Ya tenías que estar abajo…- dije irónica.
-Está bien, bajaré a verlo.
Yanel se secó las lágrimas y se arregló un poco para bajar y ver a Gustavo después de tanto tiempo. Bajó a toda prisa y cuando vio a Gustavo corrió como loca a abrazarlo.
-Te extrañé mucho princesa…
-Y yo a ti…- dijo llorando Yanel.
-No llorés… Orne me contó que creíste que andaba con otra…
-Tranquilo, seguro que me confundí y pensé que eras tú.
-Desde que me marché a Buenos Aires no hice más que extrañarte y pensar en vos, me hiciste mucha falta.
-Y tú a mí… ¿por qué regresaste ahora, sin avisar?
-Quería darte una sorpresa.
-Lo conseguiste…
-Nena, ¿podemos hablar en otro lugar?
-Claro, ven…
Sin duda parecía que me había declarado en rebeldía con el míster, bueno, no solo yo, Fer también se unió a mi causa y ambos llegamos bien tarde a la sesión. Sabiendo que el míster nos iba a regañar y a pedir explicaciones ni pensamos qué excusa poner. Cuando llegamos al campo de entreno todos estaban entrenando y el míster cuando nos vio se nos quedó mirando fijamente. Caminamos hacia donde estaba.
-¿Se puede saber el motivo de su ausencia?- preguntó con cara muy seria…
Fer y yo nos miramos fijamente pensando en una buena excusa.
-¿No van a darme una buena razón? No se preocupen, tampoco quiero escuchar sus excusas.
-Míster, lo sentimos, no volverá a suceder…- dijo Fer medio avergonzado.
-Ya saben que eso no me sirve, así que ya saben lo que les toca, recibirán su merecido castigo.
-¿A qué se refiere?- pregunté asustado.
-Ambos quedarán fuera de la convocatoria del próximo partido.
-¿Qué?- dijimos los dos a la vez.
-Es lo mínimo que merecen por lo que han hecho, ¿se pararon a pensar en la falta de respeto que resulta para sus compañeros? Y los únicos perjudicados son ustedes dos. Ahora si no tienen nada más que decir pueden irse.
Con la cabeza escondida desaparecimos de Valdebebas sabiendo que nos teníamos merecido el castigo del míster.
-¿Qué habrán hecho estos dos?- preguntó Cristiano acercándose a mí.
-Pues no lo sé, pero tuvo que ser algo grave.
-Sí, eso parece, la cara del míster no invita al optimismo, desde luego.
-Ezequiel, ¿Qué pasó con Gonzalo y con Fer?- me preguntó Arbeloa.
-Pues no lo sé seguro, pero imagino que se llevaron la riña del míster por no acudir al entreno de hoy, pero no sé qué les dijo.
-Lo más seguro es que los castigue sin convocarlos al próximo partido- dijo Xabi.
-¿Creés que sea tan duro con ellos?- pregunté.
-Mucho me temo que así será, pero me extraña que ellos dos hicieran esto. Es muy raro.
-Sí, sí que lo es, me lo podría esperar de cualquiera menos de ellos dos- dijo Arbeloa.
-¿De mí también?- preguntó Cristiano bromeando.
-De ti el que más…
-Menos bromas, que la cosa parece seria.
-Ezequiel tiene razón… lo mejor será que esperemos a ver qué pasa.
Cuando llegué a la casa me estaba esperando mi mamá con una carta en la mano…
-¿Es para mí?
-Sí, es de la clínica, de las pruebas que te hiciste el lunes…
-Ah, es cierto, ya ni me acordaba, seguro no es nada, ya no sentí molestias desde entonces…
-Ojalá y sea así…
Cuando abrí el sobre empecé a leer rápidamente todo lo que ponía, eran los resultados de la resonancia que me hice el lunes, terminé con molestias el último partido y por precaución me hice las pruebas. Y lo peor se había dado…
-Hijo, ¿qué pasa?
-Al final tendré que perderme 3 semanas por culpa de esta lesión…
-¿Cómo así? Si no sentís dolor…
-Sí, pero al parecer tengo una rotura fibrilar grado I-II del músculo bíceps femoral del muslo izquierdo…
-¿Y es grave?
-Si se guarda el debido reposo no… como mucho estaré tres semanas de baja y me perderé 3 partidos.
-Podría ser peor… ¿irás a ver al doctor a la clínica?
-Sí, mañana por la mañana iré sin falta a primera hora.
En esto que suena mi celular… era Ezequiel…

-¿Qué pasó?
-Eso digo yo Gonzalo, ¿qué pasó con el míster?
-Bueno, resulta que nos castigó sin convocatoria para el próximo partido, pero en mi caso poco importa ya…
-¿Por qué decís eso?
-Porque estaré de baja 3 semanas, así que me da igual que me castigue sin convocatoria, no iba a jugar de todos modos…
-Lo siento, no es grave ¿no?
-No, ya te dije que solo serán 3 semanas y ya volveré a jugar, no te preocupes.
-¿El míster lo sabe?
-Supongo que sí, debería saberlo.
-Bueno, te cuelgo que me llaman a la puerta.
-Nos vemos, chau.
-Chau.
-¿Quién era?- preguntó mi mamá.
-Era Ezequiel, quería saber que me pasó con el míster esta mañana…
-¿Qué pasó?
-Pues que nos castigo a Fer y a mí sin ir convocados el próximo partido.
-Te dije que…
-Sí mamá, ya sé que me dijiste, pero ahora no importa, ya no jugaré 3 partidos, bastante castigo es ya.
Me encerré en mi habitación pensando en todos los problemas de hoy. Fue un día nefasto. Pensé que lo mejor para olvidarme de todo esto era irme al café para ver a Orne, quizás ella pueda arrancarme una sonrisa en este día horrible.

-Vaya, así que volviste por tu padre, ¿por qué no me contaste?
-No quería preocuparte, pero sé que hice mal en no avisarte que me regresaba, lo siento.
-Tranquilo, no te preocupes, lo importante es que volviste y que volvemos a estar juntos.
-Sí, y nadie podrá separarnos.
-¿Te parece si nos damos un paseo, ahora que no llueve y me sigues contando?
-Claro, vamos.
-¿Y lo tuyo con Gonzalo va en serio?
-Sí, eso parece.
-De verdad deseo que todo salga bien, es un buen chico, estoy seguro de que seréis felices juntos.
-Yo también estoy segura de eso, lo amo de verdad, y él a mí, y eso es lo que cuenta.
-Me recordáis a mí y a mi mujer cuando empezamos de novios.
-Si que tuvo que ser lindo…
-Lo fue, lo fue mientras duró…- dijo triste el señor López.
-¿Qué fue lo que pasó?
-Bueno, la verdad es que es una larga historia y no me gusta hablar de ella, pero mi mujer se murió poco después de nacer Yanel.
-Vaya, lo siento, no sabía…
-No te preocupes, ya hace mucho de eso.
En eso estábamos cuando llegó Gonzalo.
-Hola, princesa, ¿cómo andás?- dijo antes de darme un beso.
-Muy bien, algo aburrida… ¿Te pasa algo? Te noto preocupado.
-Pues sí, sí que me pasa…
-Vení, Sentate…  ¿Qué pasó?
-Pues que el míster nos castigo a mí y a Fer sin convocatoria para el próximo partido.
-Ahora me siento culpable…
-No es culpa tuya,  no te preocupes…
-En parte sí, es culpa mía…
-Pero tranquila, poco importa eso ahora, de todas formas no iba a jugar ese partido…
-¿Y eso por qué?
-Pues porque estoy lesionado, estaré 3 semanas sin jugar…
-Ay no, pero ¿qué tenés?
-Una rotura fibrilar, pero no es grave, solo tengo que descansar y hacer un entreno personalizado en el gimnasio, mañana iré a la clínica para hablar con el doctor…
-Claro, es lo mejor, él te contará los detalles.
-¿Y vos? ¿Qué tal el día?
-Pues como siempre, reconciliando a Yanel con su novio…
-Que bueno, me alegro de que todo marche bien por acá…
-Gonzalo, tengo algo que contarte sobre mí que no te dije antes, es importante…
-¿Qué pasó? No me preocupes…
-Tranquilo, no es grave, si te parece cuando termine acá nos vamos a otro lado para contarte…
-Claro, cuando terminés acá yo vengo por vos y te llevo a cenar y me contás todo…
Gustavo y yo estábamos paseando por un parque cercano al café contándonos todo lo que había sucedido en todo el tiempo que no nos habíamos visto y lo mucho que nos habíamos extrañado debido a la distancia que había entre ambos. Todo parecía perfecto hasta que sonó el móvil de Gustavo…
-¿No vas a contestar?- pregunté al ver que Gustavo había ignorado la llamada nada más verla en la pantalla.
-No es importante, ya dejará de sonar.
-Como quieras.
-Por cierto, ¿desde cuándo que Orne trabaja en el café de tu papá?
-Desde este lunes, pensé que lo sabrías, como sois tan amigos…
-Sí, somos muy amigos, pero hacía tiempo que no hablábamos, ni sabía que tuviera pensado viajar hasta acá.
-Lo que yo me pregunto es porqué vino a España, siempre trata de evitar el tema, ¿tienes alguna idea?
-Pues la verdad no, pero bueno, Orne siempre fue una mina con ganas de aventura, igual y se le dio por viajar y descubrir otra forma de vida, ella es muy así.
-No lo creo, es imposible que una chica de 18 años viaje porque sí, tiene que tener algún motivo de peso, si aún viajara para estudiar, pero no es el caso.
-Es muy extraño, sí, pero ya te digo que no tengo ni idea. Siempre podés preguntarle.
-No sé, igual y no me quiere decir nada.
-¿Y por qué no querría decírtelo? Te tiene confianza, si es que el asunto es grave, claro.
-Ay, es todo tan misterioso. Pero bueno, no importa, el caso es que viniera por lo que viniera, debo decir que ha acertado de pleno.
-¿Por qué lo decís?
-Pues porque ahora es feliz, muy feliz.
-¿Feliz? ¿Hay algún buen motivo?
-Y tan bueno… Ha encontrado al amor de su vida.
-¿Cómo que el amor de su vida? Orne no es de esas que se enamoran a la primera, además el único hombre del planeta del que caería rendida es Gonzalo Higuaín, cualquier otro es mediocre para ella.
-Pues no vas mal encaminado.
-No te entiendo.
-Ay, eres igual de cortita que ella, yo creo que va a ser mal de los argentinos- dije riéndome.
-¿Qué estás insinuando?
-Nada, nada, solo que parece que no quieras enterarte de las cosas. Mira, yo bien sé que el amor de su vida es Higuaín, en el poco tiempo que la conozco me di cuenta, y bueno, en estos días se fueron dando una serie de circunstancias que…
-Esperá… ¿me estás queriendo decir que Orne está de novia con Higuaín?- preguntó Gustavo cortándome.
-Eso mismo estaba intentando explicarte.
-No puede ser posible, estás bromeando.
-No estoy bromeando, es muy real lo que te digo.
-Pues entonces debe estar más que feliz.
-Sí, desde luego, está en una nube y ojalá que la felicidad le dure siempre, se lo merece, además hacen bonita pareja.
-Así andaba yo cuando te conocí…
-¿Y ahora no?
-No, ahora estoy mucho mejor que antes.
Nos besamos hasta que de nuevo sonó el teléfono de Gustavo.
-Igual es importante, deberías cogerlo.
-Es que no me interesa atender la llamada.
-Entonces eso es otra cosa, ¿no me vas a contar?
-Como querás, es una mina.
-Así que es una chica… ¿y qué quiere de ti?
-Es una mina bien pesada, no deja de acosarme y sinceramente estoy cansado de decirle que no me interesa y que no quiero nada con ella.
-Pues si no le atiendes tú le atiendo yo, así de paso le queda más clarito lo de que no quieres nada con él.
-No es necesario que contestés, no quiero que te amargues por culpa de esa mina.
-Gustavo, quieras o no voy a contestar.
-Como querás…
Atendí la llamada del teléfono de Gustavo y efectivamente era una chica.
-¿Sí?
-¿Quién sós?
-Eso tengo que decirlo yo, ¿quién eres?
-Soy Liliana y quiero hablar con Gustavo.
-Ahora Gustavo no puede atenderte, está ocupado.
-¿Ocupado?
-Sí, ocupado con su novia, o sea, conmigo, así que ya puedes dejar de llamarlo.
Colgué el teléfono más que satisfecha y le devolví el móvil a Gustavo.
-Ya está, no era tan difícil.
-Vaya, tengo una novia con carácter.
-No sabes cuánto, todavía no me has visto enfadada de verdad…
-Por como lo decís veo que tampoco me conviene saber eso, aunque seguro te ves igual de hermosa.
-Ay, no, no empecemos…
Gustavo y yo seguíamos nuestra maravillosa tarde en el parque mientras que Gonzalo iba en busca de Orne para llevarla a cenar.
¿Qué sería eso tan importante que tenía que contarme Orne con tanta urgencia? No había parado de darle vueltas a la cabeza pensando en esa cosa que Orne tenía que contarme. La verdad me tenía bastante preocupado con eso, solo deseo que no sea algo grave. Igual y era yo que me estaba amargando imaginándome cosas que no eran. Ya era hora de que saliera por ella para llevarla a cenar y que me contara todo lo que tuviera que contarme con calma y sin prisas. Además, todavía hay muchas cosas que no sé de ella, teníamos toda una noche para conocernos un poco más. Hasta ahora todo había sucedido muy rápidamente y ni siquiera sabía de su familia. Así que también podríamos aprovechar la cena para hablar sobre eso. Mientras me arreglaba para salir a recogerla entró mi mamá en la habitación.
-¿A dónde vas tan guapo?
-Voy a recoger a Orne al café para llevarla a cenar…
-¿Y eso?
-Pues me dijo que tenía algo importante que contarme sobre ella, y bueno, pensé que sería buena idea aprovechar eso para sacarla a cenar.
-Sí, es buena idea, ¿pero no te dijo nada de lo qué tenía que contarte?
-No, no me dijo más que eso que te conté.
-Suena preocupante.
-No creás que no lo pensé, la verdad tengo algo de miedo de lo que pueda ser.
-Tranquilo, trata de calmarte, igual no es nada y le estamos dando demasiada importancia.
-Es posible… bueno, ya me voy, no quisiera llegar tarde.
-Claro, andá tranquilo y pásenlo bien.
-Eso trataremos, un beso ma, chau.
Salí a toda prisa de la casa rumbo al café y seguía pensando en eso tan importante que Orne tenía que decirme, era incapaz de sacármelo de la cabeza. Tan sumiso andaba en mis pensamientos que no me había dado cuenta de que una larga cola de coches me estaban reclamando para que arrancase el coche. Me quedé parado en un semáforo y ni cuenta me di que ya estaba en verde. Cuando llegué al café pude ver que había bastante gente, cosa que no me gustó demasiado, no quería que nadie me viera salir con Orne, de momento. Quién sabe, igual y había un periodista escondido por ahí y enseguida sacarían conclusiones precipitadas y empezarían a rondar rumores sobre mi vida privada que podrían perjudicar mi relación con Orne.
Gonzalo estaba a punto de llegar y todavía no había elegido que cosa ponerme para salir a cenar con Gonzalo. Era la primera vez que iríamos a un sitio público y la verdad andaba bastante nerviosa por el asunto de la prensa. Como no sabía a qué lugar me iba a llevar no sabía si ponerme algo elegante o algo informal. Así que decidí vestir algo más casual para la ocasión, así no desentonaría.

 Como aún faltaba para que llegara Gonzalo, decidí darme una ducha para refrescarme y estar bien arreglada para la cena. Mientras me bañaba iba pensando en cómo hablarle a Gonzalo sobre un asunto tan importante.
Entré al café tratando de ser lo más discreto posible, no quería hacerme notar entre la gente por precaución. Me acerqué a la barra para hablar con el señor López y preguntarle por Ornella.
-Hola Gonzalo, ¿buscas a Ornella?
-Sí, quedamos de salir para cenar.
-Está arriba, en casa, subió hace un momento para arreglarse, puedes subir si quieres.
-Gracias. Ahora subo.
-Estás en tu casa.
Me dirigí hasta la puerta que daba acceso a la casa del señor López, que estaba al fondo del café. Subí las escaleras hasta llegar a otra puerta que daba acceso a lo que serían las habitaciones, los aseos y el living. No sabía cuál era la habitación de Ornella, pero escuché música que venía de una de las habitaciones, de inmediato me di cuenta de que esa era la habitación de Orne. Entré sin llamar, abriendo muy despacio la puerta. Pero no estaba allí, debía estar todavía bañándose, así que pensé que me quedaría esperándola en la habitación.
Sin duda el baño me había reconfortado bastante, me sentía como nueva. Me enrollé en una toalla y salí del baño para arreglarme…
-¡Gonzalo! ¿Qué hacés acá?- dije sorprendida sin darme cuenta de que se me cayó la toalla al piso. En la cara de Gonzalo se dibujó una sonrisa traviesa de inmediato.
-¿Te asusté?- preguntó mientras se acercaba a mí.
Yo pretendía ponerme la toalla de nuevo pero Gonzalo me la sacó.
-Estás mejor así…- dijo tomándome de la cintura.
-No es hora de jugar- dije rodeándolo por el cuello.
-Cualquier hora es buena para satisfacer a una mujer- dijo mientras se adueñaba de mi cuello con sus besos. Sentía que no podía resistirme ni un segundo más.
-Gonzalo… Gonzalo… tenemos una cena pendiente, después si querés hacemos lo que querás, ¿sí?
-Está bien, tenés razón. Voy a dejar que terminés de arreglarte. Te espero en el living- me dio un beso y salió de la habitación.
-Gracias por acompañarme hasta mi casa.
-Es un placer, hermosa.
-¿Te apetece subir?
-Yane, ¿es una proposición indecente?
-Mira que eres bruto, claro que no es una proposición indecente, ¿Qué tiene de malo que subas?
-Solo bromeaba, claro que me apetece subir a tu casa.
Subimos hasta la casa y cuando entramos vimos a Gonzalo sentado en el sofá del salón.
-¿Qué haces aquí?
-Esperando a Orne para salir a cenar, se está arreglando.
-Está bien, voy a verla. Os dejo solos.
Le di un beso a Gustavo y entré en la habitación para ver a Orne.
Todavía no me podía creer que Gonzalo estuviera de novio con Orne. Resultaba realmente sorprendente. Me acerqué a él para saludarlo.
-Hola Gonzalo, soy Gustavo, un amigo de Orne, un placer en conocerte.
-Igualmente Gustavo. Orne no me habló de vos.
-Bueno, hace mucho que perdimos el contacto, igual y ya ni se acordaba de mí- dije bromeando.
-Supongo que a Orne la conocerás bien ¿no?
-Claro que la conozco, nos conocemos desde bebés.
-¿Y cómo así que perdieron el contacto?
-Hace un tiempo que viajé a España, luego regresé y bueno por el asunto de no vivir en el mismo lugar pues dejamos de hablarnos.
Cuando estaba  terminando de arreglarme entró Yanel…
-Vaya, estás preciosa. ¿A dónde vais?
-Gonzalo me va a sacar a cenar y como no me dijo si el lugar era elegante o no pues tuve que tirar por algo intermedio.
-Igual estás guapísima.
-Gracias.
-¿Hay algún motivo en especial para la cena?
-Pues sí, tengo que contarle algunas cosas sobre mí que son importantes.
-¿Cómo de importantes?
-Pues muy importantes, te prometo que en cuanto regrese te cuento todo con detalles, ¿OK?
-Está bien, te esperaré despierta.
-Bueno, salgo ya que ya voy tarde.
-Pásalo bien- me dio un beso y salí a buscar a Gonzalo que estaba en el living hablando con Gustavo.
-¿Nos vamos?- dije interrumpiendo la conversación.
-Nena, estás hermosa- dijo Gonzalo tomándome de una mano y dándome un beso.
-¿A dónde van ustedes dos? Estás preciosa Orne.
-Tanto halago no es bueno- dije bromeando.
-Tenemos que irnos, vamos con un poco de retraso- dijo Gonzalo.
-Vayan tranquilos, nos vemos.
-Hasta mañana.
Salimos de la casa por la puerta de atrás para no ser vistos por nadie. Subimos al auto y nos dirigimos hasta el restaurante al que Gonzalo me iba a llevar.
-¿A dónde vamos?
-Ya lo verás cuando lleguemos, es un lugar de confianza, estaremos a salvo de los flashes, si es lo que te preocupa.
-Eso me tranquiliza.
Cuando llegamos al restaurante nos llevaron hasta un rinconcito apartado para poder estar más tranquilos.
-¿Te gusta?
-Me encanta, es muy lindo.
-Bien, ¿qué era eso tan importante que tenías que contarme?
-Esto que voy a decirte no es fácil para mí.
-¿Pero qué es? Me estás preocupando.
- No, no te preocupés. Lo que quería contarte es el motivo por el que me vine para acá.
-¿Pasó algo grave en tu casa, con tus papás o algo?
- Más o menos, el caso es que viaje hasta acá por mi papá.
-Nena, estás llorando, ¿le pasó algo a tu papá?
-Hace unos meses que le diagnosticaron un tumor en el cerebro y el tratamiento y la operación son muy caros, y no tenemos suficiente para tanto, así que renuncié a mi carrera universitaria para venir acá y poder trabajar para mandarle la plata y que se pueda curar.
-Lo siento, princesa, pero es un acto muy valiente el que hacés por tu papá, yo también lo haría.
-Pero tengo miedo de que sea demasiado tarde.
-Si el problema es la plata, yo puedo ayudarte, no me importa pagarle el tratamiento a tu papá.
-Ay no, yo no quiero aprovecharme de vos, es mi papá, no es necesario.
-Princesa, lo quiero hacer para no verte triste, me pone mal verte sufrir, y si para tu felicidad completa tengo que pagar el tratamiento de tu papá lo haré, y no acepto una negativa.
-Gonzalo…
-No se hable más, yo financiaré el tratamiento de tu papá.
-Gonzalo, es lo más lindo que podrías hacer por mí, quiero mucho a mi papá y no soportaría perderlo. Estaré en deuda con vos para siempre.
-Para nada, pero sí que hay una forma de compensarme.
-¿Qué cosa?
-Que todas las mañanas despertés a mi lado, que me digas que me amás todos los días y sobre todo que estés conmigo para siempre. Con eso la deuda estás más que cobrada.
-Muy lindo lo que decís, y por supuesto que lo voy a hacer, quiero estar con vos para siempre y no separarme de vos nunca más.
-Ahora que ya me contaste, quería aprovechar la cena para que me contaras de tu familia, ¿tenés hermanos?
-Sí, tengo dos hermanos chiquitos, Malena y Leo, tienen 8 años.
-Seguro y son unos traviesos.
-Ya lo creo, tienen a mi mamá como loca por la casa.
Durante la cena Orne me contó todo sobre su familia, sus amigos, su vida. Pasamos un lindo momento juntos, lloramos, nos reímos y nos sinceramos. Ornella era muy fuerte por fuera y muy frágil por dentro, tenía miedo de que en cualquier momento pudiese herir sus sentimientos. Cuando terminamos de cenar la llevé hasta su casa.
-Nena, me encantaría subir pero mañana tengo una cita urgente con el doctor y necesito descansar.
-No importa, nos veremos mañana y me contás cómo te fue con el doctor.
-Está bien, en cuanto termine mi cita con el doctor paso por vos y te llevo a comer, ¿te parece?
-Me parece perfecto.
Nos besamos y nos despedimos.
-Te amo.
-Yo más.
-Hasta mañana princesa.
-Hasta mañana, manejá con cuidado.
Manejé hasta mi casa pensando en la maravillosa noche que pasamos juntos. Todo parecía que iba por buen camino, solo esperaba que no hubiese ningún contratiempo que pudiese estropear este amor.
Subí a la casa y en el living estaba el señor López viendo la TV.
-¿Qué tal la cena?
-Muy bien, gracias. ¿Yanel está despierta?
-No lo sé, se encerró en la habitación cuando terminamos de cenar y no volvió a salir.
-Bien, voy a ver cómo está. Buenas noches.
-Buenas noches.
Entré en la habitación y vi que Yane estaba en cama despierta esperándome para que le contara todos los detalles.
-Ahora mismo me vas a contar absolutamente todo.
Me llevó horas contarle a Yane todo lo que había pasado en la cena con Gonzalo. Cuando nos quedamos dormidas era muy tarde.
Ya era de día y no me apetecía levantarme, pero no me quedaba de otra. Yanel seguía dormida, así que traté de hacer el menor ruido posible para no despertarla. Bajé a la cocina para desayunar algo antes de empezar a trabajar.
-Buenos días, ¿has dormido bien?
-Sí, poco pero bien, gracias.
-Por cierto, en cuanto termines de desayunar quiero presentarte a alguien que está aquí en el café.
-Claro, claro, ahora termino.
Cuando terminé de desayunar el señor López me llevó hasta el café para presentarme a esa persona que tenía tanto interés en que la conociera. Cuando entré al café vi a un chico que estaba sentado en la barra leyendo la prensa.
-Michel, ven aquí, quiero presentarte a alguien.
-Ornella, este es Michel, mi ahijado, Michel, esta es Ornella mi empleada.
-Un gusto Ornella- me dio dos besos.
-Igualmente.
Era un chico muy lindo, rubio, con ojos azules y una sonrisa perfecta, y tenía tonada, no era español.


-¿Sós brasileño?
-Sí, ¿cómo lo sabes?
-Por tu acento, aunque a simple vista no lo parecías.
-Y tú debes de ser argentina, ¿me equivoco?
-No te equivocás. ¿Y cómo así señor López que tiene un ahijado brasileño?
-Bueno, mi mujer era de familia brasileña y este es uno de los hijos de su hermano.
-Que bueno… ¿y qué hacés por acá?
-Buscando nuevas oportunidades, soy cantante y vine buscando un nuevo talento que pueda acompañarme en las giras y en la composición de canciones.
-Vaya, te va a resultar difícil, talentos así no se encuentran fácil.
-Lo sé, pero confío en encontrar algo que me sirva de ayuda.
-Buenos días- dijo Yanel frotándose los ojos.
-Yane, estás preciosa.
-Michel, cuanto tiempo, ¿qué haces aquí?- dijo Yane abrazando a Michel- Estás estupendo.
-Tú más. Pues, vengo en busca de una voz que pueda ayudarme en las giras.
-¿En serio? Pues yo tengo lo que necesitas.
-¿A sí? ¿Y quién es?
-Orne canta genial…
-¿Yo?- pregunté sorprendida- No es para tanto, solo es un hobbie.
-Venga Orne, no te hagas la humilde, cantas muy bien. Michel, creo que deberías escucharla, merece la pena.
-No hace falta que me escuche, soy una aficionada.
-Ornella, de verdad me encantaría escucharte, tienes una voz muy linda.
-Yane, ya lo conseguiste. ¿Por qué será que siempre conseguís lo que querés?
-Porque tengo una gran capacidad de persuasión- dijo riéndose.
Desde luego Ornella es una chica verdaderamente preciosa y tiene una voz maravillosa. Una chica como ella seguro tendrá novio, es perfecta. Sentía que me había enamorado de aquella belleza. Tuviera o no tuviera novio iba a luchar por conseguir su amor. Ornella es lo que tanto tiempo llevo esperando, tenía que tenerla a mi lado, fuera como fuera.
-Oí, ¿llevás muchos años en esto de la música?- me preguntó Ornella interrumpiendo mis pensamientos.
-Sí, unos cuantos.
-¿Eso es mucho?
-Pues unos 14 años, más o menos.
-Vaya, eso es más que unos cuantos- su sonrisa era perfecta.
-Es el mejor cantante que te vas a encontrar- dijo Yane acercándose.
-No será tanto, ¿o sí?
-¿Sós famoso?
-Solamente en Brasil, nunca canté fuera de mi tierra.
-Orne, ¿cuántos años creés que pueda tener mi primo?
-Pues no sé, teniendo en cuenta que lleva 14 años en la música… no sé, ¿28 quizás?
-Eres muy buena echando años, lo bueno es que dentro de poquito es su cumpleaños, así que ya serán 29.
-Ya soy un viejo.
-No digas eso, si estás perfecto.
-¿Y tú Orne, cuántos años tienes?
-18.
-Eres muy joven, ya me gustaría volver a mis 18.
Estuvimos un rato conversando y me di cuenta de que Orne era mucho más perfecta de lo que me imaginaba.
-Primo, ¿a que no sabes quién es el novio de Orne?- no me gustó en absoluto oír eso.
-No tengo ni idea, ¿es conocido?
-Ya lo creo que lo es, es futbolista- eso me gustó un poco más, los futbolistas tienen fama de mujeriegos, no creo que le dure demasiado.
-¿Y quién es?
-Gonzalo Higuaín- me quedé sorprendido, ¿qué podría tener ese que no tuviera yo?
Gonzalo estaba a punto de venir por mí para llevarme a comer, tenía unas ganas enormes de verlo, ya lo extrañaba.
-Buenas tardes.
-Gonzalo, mi amor, al fin llegaste. Te extrañé mucho- verlos tan acaramelados me dolió mucho, pero no podía dejarme vencer tan deprisa.
-Yo también te extrañé, princesa. ¿Quién es ese chico?
-Ah, es Michel, el sobrino y ahijado del señor López.
-Pues no te saca los ojos de encima.
-¿Estás celoso?
-¿Debería estarlo?
-Sabés que no, solo te quiero a vos.
-¿Nos vamos?
-Dale. Nos vemos a la tarde.
-Hasta luego, pasadlo bien.
Ver a ese tal Michel con los ojos clavados en Orne me enojó mucho. No quería que nadie tratara de robarme a mi princesa, la amaba demasiado. Pero desde luego tenía un mal presentimiento. Cuando estábamos comiendo se apareció alguien que no debía aparecer en este momento, sin duda las cosas empezaban a complicarse.